Romper rutinas aligera el espíritu. La excusa era válida: una de nosotras iba al médico y había que acompañarla. Nada grave, no se asusten. 

 

Empezamos a divertirnos desde que nos subimos al carro a las diez de la mañana y nos tomamos una foto para mostrar a las  que no venían con nosotras de lo que se perdían. Nos hubiera gustado pasar el día todas juntas, las ocho, pero esta vez no se logró. El tráfico denso de la ciudad alargó nuestro viaje. Ni eso nos molestó. 

 

La consulta con el médico fue lo único serio que hicimos ese día. El resto lo dedicamos a comprar mango en bolsa (sin importarnos que la mujer que lo preparaba utilizara la misma mano para pelarlo y cortarlo que para cobrarnos); caminamos por las calles empedradas de Antigua, una ciudad que confunde porque está adormecida y llena de vida al mismo tiempo. Comimos en una terraza y tomamos café en otra. Nos tomamos el «selfie» de ley y visitamos tiendas y viveros.  Si es verdad que las mujeres decimos doce mil palabras al día, ese nos las gastamos todas.

 

 

El nombre de una casa, pintado sobre azulejos, llamó nuestra atención: «Las antañonas». Foto obligada entre risas, aceptando con desenfado que cada vez tenemos más: más años, más canas, más arrugas, más achaques. Pero también más vida, más carcajadas, más historias compartidas, más belleza interna. Más de cada una de nosotras. 

Repito: Romper rutinas aligera el espíritu.
 
 

 

 


Patricia Fernández

Nací en Guatemala en 1962, en una casa llena de libros. No recuerdo mi niñez sin historias, historias que mi madre nos leía y mi padre se inventaba. Las que más me gustaban y me gustan son las que hablan de la vida diaria y de las personas a las que llamamos normales, esas que consiguen que la cotidianidad se convierta en algo maravilloso. Empecé a escribir en el año 2010, empujada por la curiosidad y la inquietud por saber de dónde salían las historias que me contaban los libros. Fui alumna de varios talleres de escritura creativa aquí, en Guatemala, y luego estudié técnicas narrativas en la Escuela de Escritores de Madrid, España. He publicado varios cuentos cortos en distintos medios y, actualmente, tengo este blog para hablar de lo que me apasiona: la insólita cotidianidad.

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