Los Mendoza mueren en enero, decía mi suegra. Los Fernández morimos en abril, digo yo. Pero los Mendoza y los Fernández también nacemos en enero y en abril, dirían mis hijas.

Con todo y sus despedidas, abril es un mes alegre. Cada año viene con mangos, caimitos y jocotes marañones. Viene con el sol que se mete en los ojos y hace que pique la nariz. En abril, las piernas se liberan de las medias y los escotes se abren más atrevidos. Es mes de sandalias y pies descalzos. De pieles brillantes y sudorosas. De abanicos que unas abrimos con más destreza que otras. Es un mes de sobremesas largas en balcones y pérgolas. En abril protestamos porque la ropa de trabajo no va con el calor de la calle y, desde las oficinas, lanzamos miradas lánguidas con la cabeza apoyada en el frío de las ventanas. Porque abril es un mes de terrazas al aire libre. De vinos frescos

y sangrías heladas.

La bruma que campea frente a nuestros ojos hace de abril un mes blanquecino, más pálido que otros meses del año. Las nubes, que a ratos tapan el cielo, nos recuerdan que pueden empaparnos, pero que no nos darán ese disgusto. Amenazan con llover y luego solo lanzan gruesos goterones que no llegan a mojar. Hasta que, un día, deciden sorprendernos con un chaparrón que inunda calles y bulevares. Abril nos derrite y se derrite, pero a algunos nos hace felices vivir derretidos.

Abril es cuando las chicharras, los grillos y los pájaros se dan gusto con sus cantos. Los unos no nos dejan conciliar el sueño y los otros nos despiertan en la madrugada. ¡Qué bella forma de no dormir!

A mí, abril me recuerda los sábados en casa de mis padres. El calor sofocante que nos sacaba del comedor para pasar la tarde en el jardín, llevando sillas extras porque no cabíamos todos en la banca blanca que ahora tengo yo.

Bueno, que abril me gusta. Que me gusta mucho. Que es mi mes favorito. Que ojalá todo el año fuera abril. Y es que abril me quita las penas.


Patricia Fernández

Nací en Guatemala en 1962, en una casa llena de libros. No recuerdo mi niñez sin historias, historias que mi madre nos leía y mi padre se inventaba. Las que más me gustaban y me gustan son las que hablan de la vida diaria y de las personas a las que llamamos normales, esas que consiguen que la cotidianidad se convierta en algo maravilloso. Empecé a escribir en el año 2010, empujada por la curiosidad y la inquietud por saber de dónde salían las historias que me contaban los libros. Fui alumna de varios talleres de escritura creativa aquí, en Guatemala, y luego estudié técnicas narrativas en la Escuela de Escritores de Madrid, España. He publicado varios cuentos cortos en distintos medios y, actualmente, tengo este blog para hablar de lo que me apasiona: la insólita cotidianidad.

6 comentarios

Ligia de Sandoval · mayo 9, 2023 a las 10:27 pm

Que también me gusta abril… por sus floresc

Sandra Elizabeth Luna-Sánchez · mayo 10, 2023 a las 6:00 am

En la librera de mi casa de la niñez y en las historias que me contaba mi papá.

    Patricia Fernández · mayo 6, 2024 a las 11:43 am

    Las casas están llenas de recuerdos, Sandra.

Maya Smith Lovejoy · mayo 10, 2023 a las 6:07 pm

Me encantan tus blogs, transportas a la persona contigo e el mes de Abril. Felicidades!!

Mariana de Petersen · mayo 10, 2023 a las 9:21 pm

Me gusta muchísimo la creatividad con la que te refieres a esos sonidos de la madrugada … ¡Qué bella forma de no dormir!

    Patricia Fernández · enero 29, 2024 a las 2:28 pm

    Gracias, Mariana. El insomnio puede ser muy lindo.

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