«Entendí que prefería tocar bien el ukelele que seguir tocando mal la guitarra, y eso fue como una nueva filosofía personal. Si no podés con la vida, probá con la vidita» .
La uruguaya, de Pedro Mairal

En tan solo ciento sesenta y siete páginas, este magnífico autor nos cuenta la vida de Lucas Pereyra, un escritor argentino que no logra salir adelante en el difícil oficio de contar historias.

Con el paso de una persona que camina sin rumbo fijo, Pereyra le escribe una carta mental a su esposa. En ella le cuenta todo lo que vivió aquel día en que decidió ir a Uruguay a recibir un dinero que le permitiría pagar sus deudas y dedicarse a escribir, por lo menos por unos pocos meses.

Desde el momento en que sale de su apartamento al filo de la madrugada, hasta que vuelve a él, diecisiete horas más tarde, el lector ajusta su paso con el de Lucas. Viaja con él en el barco, lo acompaña por las calles de Montevideo y espera junto a él su encuentro con Guerra, la joven uruguaya con la que el hombre se permite fantasear para retener un poco la juventud que se le escapa.

La uruguaya es, al mismo tiempo, una novela reflexiva, decadente y serena. Una novela que con saltos magistralmente sutiles, revela diferentes etapas de la vida del protagonista; desdibuja y vuelve a dibujar una existencia a la que no se le ha dedicado todo el esmero que debería. Una vida asumida que, en algún momento, dejó de serlo. El desplome le planta cara a su dueño con la luminosidad de una revelación. Lucas se da cuenta de que, en ese justo momento, no es nadie ni ha llegado a ningún lugar. Está solo y sabe que es el único culpable.

Lo más hermoso de esta novela es su honestidad y la melancolía con la que está escrita. Con una suavidad casi femenina, la historia pinta la palidez sosegada y la conformidad que invade cuando uno se da cuenta de que se le está yendo la vida, y lo único que queda es la vidita.

Patricia Fernández

Junio 2020


Patricia Fernández

Nací en Guatemala en 1962, en una casa llena de libros. No recuerdo mi niñez sin historias, historias que mi madre nos leía y mi padre se inventaba. Las que más me gustaban y me gustan son las que hablan de la vida diaria y de las personas a las que llamamos normales, esas que consiguen que la cotidianidad se convierta en algo maravilloso. Empecé a escribir en el año 2010, empujada por la curiosidad y la inquietud por saber de dónde salían las historias que me contaban los libros. Fui alumna de varios talleres de escritura creativa aquí, en Guatemala, y luego estudié técnicas narrativas en la Escuela de Escritores de Madrid, España. He publicado varios cuentos cortos en distintos medios y, actualmente, tengo este blog para hablar de lo que me apasiona: la insólita cotidianidad.

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