En julio de 2015 fui a reencontrarme con Madrid, la ciudad de mi padre y, por ello, también la mía. Y digo reencontrarme porque hacía demasiados años que no pasaba en ella más de dos o tres días. Difícil familiarizarse con una ciudad en un tiempo tan corto. 

Durante los muchos días que pasé ahí hice lo que cualquier turista: paseé por sus calles, visité museos, iglesias, palacios, plazas (sobre todo la de Cibeles, mi favorita), fui varias veces a la terraza de Bellas Artes para ver, desde su altura, la magnificencia de esta ciudad grandiosa, cálida y acogedora. Por supuesto, no me faltó la foto en la Puerta del Sol, en el punto exacto donde se encuentra el kilómetro cero de España.

 

Pero también intenté, por dos semanas, ser parte de la vida diaria de Madrid. Hice la compra en el supermercado más cercano al piso en el que me instalé, fui al correo, me quedé en casa leyendo, caminé al paso que marcaban los días.


Ayer hice otro tipo de turismo aquí, en Guatemala. El que muchos hacemos solo cuando vienen familiares o amigos del extranjero, cuando ir al mercado y al parque central se convierten en un paseo obligatorio. Esta vez, las visitas fueron unos amigos chilenos de una de mis hijas.

 

 

Caminando por el parque y frente al palacio, les mostré la placa de bronce de donde parten todos los caminos de esta patria mía que, por casualidad o no, siguiendo rutas insospechadas, se entrelazaron con los caminos de España y me hicieron nacer aquí.  

Por supuesto, me tomé la foto de ley, como cualquier turista, como cualquier local. 

Qué bien se siente saber que tengo dos 

kilómetros cero de dónde partir. Y dos kilómetros cero a dónde volver. 

 
 

Patricia Fernández

Nací en Guatemala en 1962, en una casa llena de libros. No recuerdo mi niñez sin historias, historias que mi madre nos leía y mi padre se inventaba. Las que más me gustaban y me gustan son las que hablan de la vida diaria y de las personas a las que llamamos normales, esas que consiguen que la cotidianidad se convierta en algo maravilloso. Empecé a escribir en el año 2010, empujada por la curiosidad y la inquietud por saber de dónde salían las historias que me contaban los libros. Fui alumna de varios talleres de escritura creativa aquí, en Guatemala, y luego estudié técnicas narrativas en la Escuela de Escritores de Madrid, España. He publicado varios cuentos cortos en distintos medios y, actualmente, tengo este blog para hablar de lo que me apasiona: la insólita cotidianidad.

2 comentarios

Unknown · febrero 8, 2016 a las 3:09 am

Afortunada, tener dos caminos es un privilegio, quizá esa sea la causa de tantas palabras encontradas que la siguen y la encuentran en cualquier callejón. Siga escribiendo!

Patricia Fernández · febrero 8, 2016 a las 3:20 pm

Mil gracias por leerme. Y sí, con los años he descubierto que esa sensación que por tanto tiempo me causó desasosiego, ahora me gusta mucho.

Deja una respuesta

Marcador de posición del avatar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.